Andaduras

Jorge Juanes 2000

 

 

Es preciso contentarse con descubrir, pero guardarse de explicar

George Bataille

 

La modernidad, instauro al hombre en el lugar de Dios. El nuevo demiurgo se propuso de inmediato enmendarle la plana al Creador primigenio. Propuesta concretada como dominio racional de la naturaleza y de los hombres, lo que equivale a decir aniquilación de la materia y del cuerpo sensorial. Estamos ante el imperio del denominador común. Es la muerte encubierta con ropajes de un destino promisorio, puro, en el que el mal será finalmente derrocado. Armando Haro Márquez toma nota y contraataca: redime lo excluido, las sensaciones, el color, el erotismo, las formas nacidas de la imaginación, la fealdad; la tierra excesiva, lo estelar, lo fantástico incluido. Pero, además, lo hace valiéndose de un arte que todos daban por muerto, la pintura. Pintura carnal, de formas irregulares, orgánica siempre. Lejos por tanto de la esterilidad y de la ascesis impuesta por el conceptualismo puritano. Haro expone sin reserva y sin medida, acomete por igual al espacio de lo obsceno que al espacio de la santidad. Cada cuadro empieza de nuevo y nunca termina. Vemos la multiplicación de cuerpo que, con su presencia demetaforizada, ponen en jaque a la conciencia. También el goce de las texturas: golpes de pincel, signos, accidentes, mezclas de color que no pocas veces apuntan al infinito.

 

Nuestro pintor trabaja con formas representativas. Digamos que se vale de elementos tomados de la vida real y, de inmediato, los transfigura: pasa revista, gradúa, informa o deforma. Despojos, Trans(a)par(i)encias. La odisea del Héroe. Espectáculo en movimiento que implica un desmarque en regla con la lógica del distanciamiento y con el desapego apático. Haro arriesga y no pocas veces sucumbe en el riesgo, pero sabe que ello es preferible a la obra programada y presuntamente perfecta. El riesgo hace proliferar figuras inesperadas. Vemos los resultados que la pintura saca de esa apuesta incierta: incluir de las formas sólo aquello que las desborda y que, en sí, encarna su energía. Es por ello que le importa poseer los objetos y los cuerpos en estado de indecisión, respecto a lo cual lo imitativo se presenta como falsa objetividad. En consecuencia, en Haro lo expuesto en presencia se regodea en el exceso: todo puede exponerse, descomponerse y combinarse, las formas puras y literales no tienen aquí nada que decir. Pintura sobre pintura, pero eso no es todo, ya que nuestra mirada debe abrir nuevas derivas. 

 

EL VIAJE

Un paraíso en medio de las escamas

Mónica Romo Rangel 1994

 

Los ángeles pueden apropiarse del cielo en las profundidades marinas; tener el paraíso en medio de las escamas. Escenarios lujurioso, exuberante, que no muestra temor cuando se enfrenta al espectador. Armando recurre al camino accesible de la utopía. Del sueño y el renacer. El amor a los primero planos evade lo efímero; el tiempo no cuestiona sino sugiere, participa de símbolos, de fusiones. Comulga con el próximo milenio y no escatima el asombro. Tonos compulsivos, llenos de impacto sobre pupilas que buscan algún descanso en uno de los cuadros, ajenos a este despertar. Alegoría a un territorio que también debe romper con la serie. Un ambiente donde la vida funge como espectáculo, como germen subjetivo y razón natural sin ser previsible. Un alfabeto con la ruta marcada con el rombo, por figuras hexagonales en un microcosmos orgánico. El sello trágico de un plato de camarones con salsa curri dentro de la irreverencia total, engendra la ropa de los seres. Humanos que desconocen su historia, un tímido atisbo a la tradición congela signos, recuerdos de viejas estancias por la estampa, carentes de pudor, con el ánimo tan lejos como el guión del artista lo permita. Todo lo anterior no es más que el escenario único de una puesta universal. El lenguaje plástico desde un principio lleva un proceso, cimentado ahora en los volúmenes. Armando invoca a los ángeles de Poseidón y un séquito reblandecido de jinetes que bordean la primavera. Lánguidos, en pleno tránsito por la imaginación, vemos una vieja trucha que se inventa sin piedad, el carnaval le hará un lugar en la concurrencia. El festín pictórico del artista no hace relatos por entregas sino poesía de inframundos marinos muy próximos al humor, al mercado de la muerte. Armando recibe a los ángeles en medio de las escamas.

 

 

HÉROE

Lo que puede ser dicho está muy lejos de la dicha de (no) ser nada

Sergio Espinosa Proa 1998

 

¿El héroe? … No hay héroe con la cabeza bien puesta. Pero si mantenemos la cabea en su sitio, ¿quién de nosotros podría hacer algo heroico? Nadie es un héroe hasta que no ha sido decapitado. El héroe es un rostro desencajado: la cabeza fuera del cuerpo: la muerte que retorna … El héroe es eso: nadie. Un nadie, una nada que sólo por haber sido cercenado y separado de sí puede decir: Yo. El héroe es capaz de decir “yo soy un héroe” sólo cuando ya no es. No hay ni siquiera un “nosotros” sin un héroe que tenga el valor de suprimirse a sí mismo. No hay nosotros sin un yo que nunca ha sentido propio ese yo —y que no obstante sabrá encontrar un momento para privilegiado para abandonarlo. / El héroe yace en su tumba a flor de tierra. Pero, si es en verdad un héroe, ¿podría la tumba ser suya? Un héroe nunca es; siempre ha pasado, el héroe sólo lo es por su inserción en un tiempo ya de siempre sido … El héroe otorga sentido y finalidad a la muerte. / Vive de ese corte radical de sí mismo gracias al cual puede mostrar algo sin tener que decirlo. / El héroe mira como si no tuviera vista … El héroe consiste en desaparecer y en ser lo que nunca ha podido ser. / Acaso por eso está tan cerca del santo … ¿De qué nos salva el santo si no es de nosotros mismos? … El héroe puede imaginar que es una virgen o un crucificado, pero no engaña a nadie … Y esa es su máxima ventaja: que no pueda ser siempre elegido como ejemplo. El heroísmo no puede ser enseñado, sólo padecido. / ¿Qué hacer cuando se quiere mostrar y no sólo no se dice nada, sino que se bloquea toda posibilidad de decir algo? ¿Qué mostrar cuando ya todo se ha dicho? … El héroe huye de sí y debe abrirse al mundo sin abrigar la menor esperanza. / El héroe huye de sí y debe abrirse al mundo sin abrigar la menor esperanza. / El héroe sólo existe en un mundo siempre a punto de decapitarlo. Pero el mundo sólo existe para decapitar al héroe.

 

 

PSIPORTRAITS

Esporadicidad y antagonía

Plinio Ávila Márquez 2000

 

Encuentros y desencuentros, amistades y momentos, recuerdos anhelados y olvidos obligados. Psiportraits, más que un conjunto de retratos, es una autobiografía visual. Producto de las obsesiones del artista y de una doble visión de su entorno y de su no menos caótico mundo interior. Como su espejo borgiano, registra, su desarrollo, sus cicatrices, sus enfermedades, sus tatuajes y la incipiente definición de sus líneas de expresión (arrugas). Sin embargo, existe un código psicológico que sólo conociendo la serie completa —o lo que va de ella— se comienza a comprender. Más allá de analizar o desentrañar, trataré de desdoblar a planisferio la confusa ecuación de esta obra. Los lentes como switch. Armando hace un análisis de una textura en la pared mientras se ríe de lo patético que le resulta el cuadro colgado en ella. Conozco, no, estoy muy lejos de eso. Reconozco dos mundos en la cabeza de Armando: Uno, tal vez el hemisferio izquierdo, analítico y filosófico. Observador y disciplinado. Utiliza los lentes como protección. Estudia y cultiva, aprende y reflexiona. Se compromete con su trabajo y organiza los recursos que le permitirán investigar y encontrar su iconografía; otro, sin lentes, poeta, idealista, switch al hemisferio derecho. Hiperactivo, curioso, creativo y visceral. Capaz de enamorarse apasionadamente de la imagen y deshacerse de pronto de ella. Sufrir, cerrar el capítulo y seguir escribiendo. Psiportraits debe su origen en raíz, creo, a esta dualidad interna. Antes la obra de arte se postulaba para la inmortalidad, así también los significados, las imágenes y lo propios artistas; hoy el arte se consume apenas se produce. Con Psiportraits, Armando no concursa con la desmedida cantidad de imágenes que vomita el mundo, se mantiene alejado como si padeciera un resfriado crónico creativo, bosquejándose para sacar aquello que no le deja respirar. Una válvula, una catarsis. Una medicina para una flema permanente.

 

 

TRANS(A)PAR(I)ENCIAS

Trans(a)par(i)encias

Gonzalo Lizardo 2000

 

Intuyo en la pintura de Armando Haro una doble voluntad y un doble lenguaje: la voluntad de velar y la de revelar un lenguaje pictórico y otro metapictórico. Por el anverso, el autor pretende que sus obras, ante nuestros sentidos, presenten tan sólo su pictoricidad pura ―su sustancia cromática y su esencia matérica. Y, por el reverso, anhela que, ante nuestro intelecto, sus lienzos representen diversas metáforas sobre nuestra carne, nuestros mitos, nuestras pulsiones sexuales o nuestra existencia onírica. / Existen, por tanto, dos caminos: sumergirse en una contemplación silenciosa, que pretenda agotar la superficie del cuadro o interrogarse sobre el sentido que se agazapa tras las profanidades de la mancha y de la composición. Pero acaso no importa el camino: por cualquiera de ellos accedemos al mismo lugar: al Cuerpo. El cuerpo que la pintura es y el cuerpo que la pintura nos manifiesta. Estamos ante cuadros que son cuerpo: estructura orgánica de materia, pincelada y color, entrañas de emplasto y veladuras epidérmicas. Y pinturas que además nos muestran la desnudez del cuerpo humano ―solo o acompañado por la soledad de otros cuerpos. Así, entre el autor y su materia se establece una relación casi carnal que evidencia el cuerpo del pintor ―sus manos, sus dedos― y que fecunda el cuadro para que de él germinen esos organismos pictóricos cuyo desamparo se ofrece a nuestra mirada. / Entre el artista, el cuadro y el espectador se establece así una sensualidad muy semejante a la crueldad y a la violencia. Asexuados y asexuales, deformados por el pincel y semiocultos por las transparencias, los cuerpo están ahí no para incitar una caricia, sino para hacer patente su desollada culpabilidad ―o acaso la nuestra. Detrás de esta manifiesta culpabilidad es posible intuir un pecado primigenio que atañe a nuestra carne y a su doble voluntad de expresar y reprimir su deseo. Y digo nuestra porque, al exteriorizarse mediante el arte, la pintura de Armando Haro hace transparente lo que su apariencia oculta: el instinto que nos empuja a ser cuerpos y, a la vez, el terror a ser solamente ello.

 

 

 

EL DESEO DE UN PAISAJE

EL SUEÑO DE LA RAZÓN

Ver el silencio ilegible en la fiesta de la luz

Sigifredo Esquivel Marín 2003

 

El ojo escucha: lo visible es legible, audible, inteligible. ¿Cuáles son las posibilidades de mirada que instituye la obra heteróclita de Armando Haro Márquez y que a través de los mismos recursos destituye? Pregunta que avizora “la expectación” de El sueño de la razón / la razón del sueño. Mirada, habla y escucha y su complejo nudo de relaciones condensan el núcleo estético de la exposición reciente de Armando, aunque dicho núcleo ya está presente desde sus primeros trabajos. Como en Bergson y Cézanne, Siqueiros y Webern, en Armando hay la profundización de una misma e inconfesada búsqueda: una terca e imperiosa voluntad de desaprendizaje.

 

En los frescos de El sueño de la razón / la razón del sueño, se ha abandonado el dogma vanguardista de huir de la armonía y el equilibrio, la belleza y calidez cromática. Las curvas ceden al capricho de lo aleatorio y construyen (y de-construyen) una lógica mesurada de redes múltiples. Ahí imágenes y sentido están en devenir constante, casi flotan. La íntima calidez de la paleta da un efecto de transparencia diáfana y alada.

 

El discurso nunca dice “el cuado en sí”, si no la pintura sería innecesaria. El discurso no dice la figura, la figura no “figura el discurso escrito o verbal”. Siempre otro y en desajuste, entre ambos, se entreteje una relación en el umbral de transgresiones. ¿Acaso el decir del discurso y el expresar del cuadro sólo tengan sentido en esta empresa de ruptura extrema y dislocamiento perpetuo?

 

El cuadro “ritornello” se despliega en un juego intertextual y transgenérico. Juego donde el cuadro (se) representa otra escena pictórica que a su vez incorpora partituras musicales como significantes cuyo sentido se abre en la interacción entre lo visual y lo auditivo, el color y la subversión de la policromía. Y sin embargo, ante la belleza de la obra entera cualquier otro elemento expresivo sucumbe. La belleza del cuadro, apenas queda “disimulada” por la intimidad inescrutable y ineludible que irradia al espectador.

 

El discurso no sólo significa también expresa. Su expresión es la puesta en escena de un deseo de subversión, a saber: la manifestación expresa no agota el discurrir del discurso, de ahí que su sentido siempre sea un acto de descentramiento sin fin. En los cuadros de Armando también hay ideas y códigos, pictogramas y semiosis, empero su función no es referencial ni comunicativa sino más bien han sido tejidos en una textura que hace estallar toda (topo)lógica de la pintura como texto. Paradójicamente ahí reside (mejor sería decir: resuella) la comunicación de un mensaje in-comunicable. Más que ideas se trata de pre-sentimientos filosóficos, el pintor no “ilustra” o “intelectualiza” sus cuadros, para demostrar una supuesta vigencia del arte vanguardista. No, la digestión filosófica de Armando se efectúa como encarnación experiencial de un pensamiento inevitable. De ahí que en sus obras forma y contenido, figura y expresión, significante y significado sean absolutamente indisociables no sólo por la acabada “manufactura técnica”, más bien por la absoluta fundición del decir y el espacio pictórico.

 

Los críticos y los comentaristas de arte han destacado el riesgo y carácter de su empresa pictórica (carácter en el sentido griego como voluntad de trágica consumación). Armando arriesga, siempre (se) está arriesgando. Siempre (se) está exponiendo ante lo inédito y lo desconocido. Ha hecho de la búsqueda una poética y una ética. Empero, su humor negro desautoriza todo sermón, cualquier puesta en marcha metódica. Elemento vital, su humor negro hace que sus obras y actos se den a flor de piel. La profundidad es una máscara. En el festivo desenmascaramiento sin fin gravita la trama y densidad de su vida y obra. Mismas que son disparadas con virulenta energía hacia un baile de levedad y risa. 

 

CONCRECIONES

AMORES MÍNIMOS

Juguetes
Luis Felipe Jímenez Jímenez 2005

El hombre maduro pude encontrarse con los juguetes en dos situaciones: como industrial que diseña el juguete para el consumo del "niño" en abstracto; o como artista, que reivindica el juguete como fantasía y recuerdo de una vivencia particular protegida por su memoria.

 

Sin ánimo de hacer un paralelo, podemos insistir que la pretensión del industrial, recae en la calidad de los materiales y la innovación del juguete; en tanto que la del artista, en este sentido, denuncia lo que aquél ha abandonado de la materialidad de su composición. La intención realista del fabricante que pretende hacer del juguete una extensión reducida de la realidad del adulto, sólo parece tener un sentido pedagógico, el de iniciar al niño en las normas del adulto.

 

Haro Márquez, nos pone frente al juguete fantasmático, frente al juguete que recibe el niño y que no siempre alude al mundo del adulto. A pesar de ser figurativo, la interjección entre la caricatura de los personajes de los "dibujos animados" (Silvestre, Bugs-Bunny, etc.) y los muñecos plásticos, burritos, coches, gatitos de la serie Hello-Kitty; es decir, a pesar de que estos muñecos y las caricaturas de la Warner Bros. no dejan de ser irremisibles copias de un mundo real, aparecen situados entre dos polos, a saber: la de los juguetes y dibujos que el industrial del entretenimiento diseñó como toys o muñecos tranquilizantes, y los juguetes inquietantes, en los cuales los ha trastocado el artista. Colores pastel, material plástico, felpa, escasa presencia de la tradicional madera, un conjunto de signos con que el artista nos dice que todo lo que hay ahí, todo lo que dice no es eso que dice. Que el perro de espuma que abraza al conejo de felpa, y el muñeco - que sospechosamente se oculta tras de ellos, pues debe estar defecando - no son ni un conejo, ni un perro, ni un muñeco que representa a un hombre cagando (aunque a éste no lo veamos plenamente en acto). Es más, ya ni siquiera son juguetes, pues en el plano sobre plano, han roto su condición limitada, imitativa del juguete del fabricante industrial, como su papel pedagógico o creativo del lado de la tradición y del artesano.   

 

El artista ha mutado la naturaleza de unos juguetes sobre los cuales los adultos fincaron las expectativas de una generación futura más alegre, que se figura un camino color fresa, alambicado, ingenuo, en donde la planificación, la producción y el consumo masivo aseguraban el porvenir de esos hombrecitos que ingresaban al mundo; y lo ha hecho, transformándolos en representaciones sin referencia, sin significado, invertidos, como si salieran de una pesadilla para irrumpir en un mundo absurdo, como el del pequeño oso que sin saber por qué aparece hundido en una tasa de café. Así, Haro Márquez ha simplificado, esquematizado, promovido a su aspecto esencial, sin servilismos, ese objeto hecho para los niños desde las intenciones, a veces no muy decorosas, del adulto.  

 

NOVISIONES

http://www.museo360.com/recorridos/aacrata360/000_arman.html

No-Visiones

Sofia Gamboa Duarte 2006

 

Durante más de quince años dedicados a la actividad plástica, el trabajo de Armando Haro Márquez se ha distinguido por una constante búsqueda de nuevos medios y formas de expresión dentro de las artes. La vasta cantidad de técnicas en las que ha incursionado, durante su larga trayectoria, le han convertido en un artista multidisciplinario inscrito ya dentro de la joven generación de promesas para la pintura zacatecana del siglo XXI.

 

Después de cinco años de ausencia en los salones de exposiciones el pasado viernes 26 de mayo se inauguró su más reciente muestra, en la Galerías "Arroyo de la Plata". Son sesenta piezas, entre óleos, acuarelas, dibujos y arte-factos (como los denomina su autor), los cuales se extendieron por todas las salas de la galería.

 

La primera impresión sobre la muestra nos evoca al grupo francés de los años sesenta, Supports-Surfaces, ya que esta vez, como en aquel entonces, las pinturas dejan de ser meros cuadros para llenar muros vacíos y se convierten en verdaderos protagonistas del diálogoentre pintor y espectador. En un ambiente de pícara jocosidad, rodeados de brillantes colores, vemos óleos con marcos o sin ellos, e incluso sin bastidor; otros, pintados por ambas caras y erguidos en el asiento para las visitas. 

 

Muchos más son dispuestos en dípticos intercambiables con los que el observador interactúa y se involucra directamente al decidir de qué manera colocarlos. Los tamaños varían de 170 x 60 centímetros, hasta 200 x 80. En cuanto al uso de los colores, podemos decir que es tan diverso como los que existen en el mercado; encontramos sobrias piezas en blanco y negro con sus respectivas degradaciones, así como salvajes lienzos con colores amarillo canario, escarlata e índigo, por mencionar solamente algunos.

 

La iconografía, al estilo de la New figurative painting, tiene una clara influencia en la obra de David Salle, es decir, el pintor crea una fusión de imágenes que muestran los rasgos característicos de nuestra sociedad actual; si bien, Haro Márquez utiliza un menor número de figuras a diferencia de Salle, la manera de combinarlas con diferentes estilos es muy parecida. Resulta sorprendente la forma en la que una sola obra puede conjugar hasta cinco estilos distintos y, lejos de perder la armonía compositiva, logra destacar el contenido de cada elemento y con ello aumentar la expresividad final. 

 

Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en la pieza Aletheia, díptico en el que coinciden expresionismo, realismo, hiperrealismo, tachimos y, como si se tratase de la imagen extraída de un sueño, bien podría ser calificada de surrealista. Cabe destacar que gran parte de los óleos han sido polimerizados, es decir, cubiertos con una resina transparente que les da un acabado especial: liso, brilante y luminoso.

 

En la serie de acuarelas aparece siempre el maniquí de un niño que hace desmesurados y, muchas veces, fallidos intentos de caminar. En su constante esfuerzo, el infante busca la ayuda de un par de muletas; una vez sin la pierna izquierda, otra con las manos separadas de las muñecas o, finalmente, con todos sus miembros en pedazos, aguarda sobre el suelo la ayuda de alguien o algue que no sabemos si llegará. Esta rica y audaz muestra, que comprende una gran variedad de piezas, seguramente motivará la reflexión de varios visitantes y saciará el gusto de otros más.

Novisiones: Fantasias y maniquís

 Luis Felipe Jímenez Jímenez 2006 

 

Todo en el mundo parece estar disponible para el hombre, lo único que tiene que hacer éste es ir en su búsqueda. Y el artista en esa tarea de buscar hace de su trabajo una labor de mutación, de desnaturalización de los objetos para convertirlos en otra cosa, en "obras". Mas sólo podremos estar seguros de que el objeto puede cumplir esa función de obra, una vez que ha sido arrancado, en razón de su naturaleza, de la naturaleza a la que pertenece.

 

Pero esa labor de arrancar, mutar, desvirtuar un objeto de "su naturaleza" para transformarlo en arte, no se hace sin un conjunto de sentimientos contradictorios que se contraponen rabiosamente en el interior del artista. Se trata de sacar las cosas de su lugar habitual que, desde luego, no es tan simple. Pues hay que extraerlas en medio del torbellino de percepciones, recuerdos, sentimientos de placer y de dolor que atraviesan al artista y su relación con el entorno. Lucha que sólo se resuelve en la contraposición entre el esfuerzo y la pasión, en el autodominio, concretándose finalmente en una forma.

 

El artista recuerda su infancia, los objetos que la constituyeron, y todo ello se guarda en los gabinetes de la memoria, ocultos en sus entrañas, en el inconsciente, como dirían los psicólogos. Y al lado de los recuerdos, los sueños, las fantasías, las visiones del pasado más lejano o las vivencias más cercanas, desde las más nimias hasta las que con más intensidad han mellado en nuestros sentidos, dejando brotar intempestivamente desde ese abismo interior la huella remota y oculta que los objetos han impreso en la conciencia (o, el corazón?) de cada hombre. Un hombre no es sólo él mismo; es también, y se debe en buena parte, a su relación con los objetos. El arte y su hacedor se encargan de que todas esas impresiones creadas por esos objetos que atestiguan silenciosamente sobre nuestra existencia; que hablan, sin pronunciar palabra, de nuestras ilusiones y fantasías, se transformen en "visiones", miradas sublimes o trascendentales. El artista, Haro Márquez,  hace que aquellas cosas anodinas y muchas veces efímeras u olvidadas, por un instante, recobren ese valor real que les dio la niñez o la intensidad con que marcaron el comienzo de la soledad del hombre maduro, recuperando su vitalidad, pero  en otro orden, en otro plano: el de la estética.


  • Fantasías

 

El objeto del arte lo constituyen diversos componentes, a saber: la impresión del material, del objeto y de la forma. Todos ellos son distintos entre sí, pero tienen en común el hecho de que a cada elemento le corresponde un determinado tono emocional, y es esa emoción lo que los unifica en un todo único, constituyéndolo en lo que se denomina el objeto estético.

 

Las fantasías artísticas son la resolución de esas emociones, y por espontáneas que llegaren a ser, son ante todo emociones inteligentes. Estos elementos están presentes en la obra de Haro Márquez, de un modo nada casual o azaroso. El artista se ha empeñado en alterar y alterarse vivamente. Sus emociones no son hijas exclusivamente de la ensoñación o de los subproductos alucinógenos con los que ha alterado su percepción. Sus fantasías son el resultado de la superación espiritual de un dolor muy profundo, cuya forma se concreta triunfalmente en las expresiones descompuestas de rostros agitados, invadidos por la angustia o la deformidad; puños apretados y bocas que exprimen, vomitan o devoran cuerpos; en ironías como la de Minos, una superposición de un rostro humano y el hocico de un cerdo o los cuerpos rotos como efecto de ascender las cuestas radicalmente verticalizadas de las calles de una ciudad perdida en el tiempo, amparada por iglesias o, como en otro cuadro, por rostros y miradas que no significan sino que simbolizan la autoridad materna, el poder moral y religioso, y ese "funesto deseo"...

 

Estos elementos con que nos enfrenta el artista, conforman una totalidad emocional que se conjuga en la obra de arte como la unidad que encierra una contradicción afectiva, en la que una serie de sentimientos opuestos, recuerdos placenteros y dolorosos, provocan un corto circuito y su destrucción. Mas no es una salida negativa, sino una curación y purificación en el sentido que lo diría un médico o un religioso. Afectos desagradables sometidos a la descarga anímica del artista, a su voluntad de poder sobre sí, se aniquilan o se transforman en lo contrario, provocando una transmutación de sentimientos.

 

De este modo, "Sergio-Morfeo" es la suma de esa mutación, sensaciones y vivencias dolorosas que van quedando desplazadas por los colores de la infancia y la serenidad del amigo dormido, inmerso entre el tranquilo sueño y la pesadilla. Mas su síntesis es artificiosa, no pretende dejarnos una constancia de sus sentimientos, sino que en la forma, en la unidad de la obra sofoca esos contenidos, deja a los espectadores que sean ellos quienes disciernan sobre esas emociones y sentimientos: las pesadillas y los sueños; la amistad y los recuerdos. El artista, como buen artista, sólo ha hecho su explosión, su descarga de energía nerviosa concretada en obra.

 

  • Maniquís

 

A diferencia de los juguetes, el maniquí no pretende ser una representación en pequeño del mundo de los adultos. Por el contrario, el maniquí es un espejo del mundo de los seres humanos. En él supervisamos nuestros gestos y nuestro atuendo, el estilo de un ideal del buen vestir, del buen posar o del buen actuar en medio de los otros. La intención del artesano no es que el maniquí hable o realice alguna hábil maniobra, como podría ser la del muñeco, sino la de mostrar, lucir, exhibir un estilo.

 

Haro Márquez, consigue que el maniquí sea así algo más que un medio de expresión o una argucia estética. Sus maniquís contienen mucho de alegorías. Un ejemplo: el cuadro de la pareja de novios capta la intensidad de una mirada melancólica, fría, lanzada hacia un futuro de incertidumbre. Los rostros inexpresivos, no parecen indicar la alegría del momento, que tradicionalmente representa la fundación del nuevo hogar, sino la exhibición escandalosa de un sinsentido, de una falta de dirección que se trasluce en trajes, tocados, modas que, no por anacrónicas, sino por no tener tiempo y espacio, destacan la ausencia (o la pérdida?) de significado de un ritual.

 

Asimismo, cierta sensación de continuidad iconográfica parece divisarse en la serie que va desde el cuadro titulado Piedad,  pasando por las acuarelas intituladas Balance. Quizá traicionando la intención del autor, y queriendo a nuestro capricho ponerles otro orden, uno evolutivo, en el que del estado de postración de Piedad, vamos ascendiendo del Balance IV, Balance V, Balance VII  y coronamos triunfalmente en Balance III. Es una alegoría del "báculo", esa palabra que en latín significa "el que tiene el bastón", "el que tiene el mando", "el cetro". Haro Márquez parece querer partir de lo contrario, del "im-becillis", del que no tiene el mando, ni el cetro, sino que muestra su flaqueza o debilidad. Alegoría de la modernidad: cuerpos que como muñecos plásticos, rotos, fragmentados, desconcertados, sin rumbo, requieren de muletas, época de imbéciles.

 

Y esta situación lo confirma esa especie de anti-cartel publicitario de una antilínea-aérea (Balance X), que debe indicar en su folleto de viaje: "Señor viajero, no tenemos punto de salida ni destino. En este plan de vuelo, reina el "no-lugar", usted estará simultáneamente en todas partes". Como un maniquí, como un cuerpo vació que multiplica sus pies y con ello la indecisión de su dirección, el viajero sólo parece ir acompañado de la mirada melancólica de quien no tiene lugar en ninguna parte o de quien lo ha perdido para siempre. 

 

No obstante, el artista, ingenuo, libre y optimista espera siempre la salvación. El sentimiento estético es el resultado de contradicciones: del estado de postración, espera que su maniquí-objeto-humano, extraído de la vida misma, consiga algo extremadamente contrario a su realidad inerte, esto es: un instante de valor. Balance VIII es la exaltación de ese momento, el abandono de los báculos, de las muletas; el cuerpo lleno de vida, completo, que parece tomar una dirección al reasumir lo sensible concreto, la carne y el mundo. Pierde así su inercia y sale de la nada, para transformarse en nada. Es el momento de la creación artística, de la ruptura con la nihilidad negativa que nos aprisiona y sólo nos deja actuar en forma destructiva, permitiendo ahora que la voluntad creadora se imponga sobre esa nada y quiera cazar el instante, ese segundo trágico en que el artista alcanza el  verdadero poder de la vida, aunque sólo sea por un segundo.

 

 

NEOBUDISMO

ACUARELAS

RETRATOS

MISCELANEA

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Comentarios: 5
  • #1

    Judith Escalante (lunes, 19 agosto 2013 21:06)

    Dr. Armando Haro Márquéz, por medio de la presente, informo a usted , que me interesa comprar su Depto. del Centro SCOP. ,una vecina suya me comentó que lo esta vendiendo, por favor comuníquese conmigo al Te:56 30 28 40 mi correo es judithescalante@live.com respetuosamente. Judith Escalante

  • #2

    Judith Escalante (lunes, 19 agosto 2013 21:10)

    mi correo es: judithescalante@live.com

  • #3

    judithescalante@live.com (lunes, 19 agosto 2013 21:13)

    disculpe , es que salía el correo com pleto.

  • #4

    José Márquez (jueves, 19 diciembre 2013 20:18)

    Hallo,


    Espero saludarte pronto, me gustaría que me escribieras para vernos. contact@josefmarquez.com, saludos

  • #5

    Julio César Abad Vidal (domingo, 28 febrero 2016 12:03)

    Estimado Armnado:
    Buscando información sobre mi persona para un dossier, he visto que me menciona como docente en una de sus entradas. Le agradezco la mención y le dirijo a mi blog sobre arte y pensamiento en la esperanza de que te resulte de algún interés y conozcas mi trayectoria reciente. Se trata de:
    https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/
    Un cordial saludo