PARTITURAS

Antonio Castilla Cerezo 2005

 

 

 

El libro “Partituras”, de Armando Haro, nos remite desde su mismo título a una concepción musical de la poesía, asunto que me parece relacionado con cómo nació esta, cómo evolucionó y en qué punto se halla ahora. Como sabemos, la poesía comenzó siendo un género oral, lo que significa que era cantada, acompañándola por lo general con una lira. Lo que se cantaba en principio eran las hazañas de los héroes locales, que eran puestas en verso para que la métrica y la rima ayudasen a recordarlas. En otras palabras, la poesía era originariamente épica, narrativa, acompañada por música (esto es, por sonidos sin un significado claramente codificado) pero no música por ella misma. Cuando la poesía empezó a ponerse por escrito, y en particular tras la invención de la imprenta, esta situación cambió. A partir del siglo XIX, que es el momento en que la imprenta cobra mayor difusión, con la popularización de los diarios, revistas y otras publicaciones periódicas, comienza a notarse que existen tantos medios de comunicación, tantos instrumentos a través de los cuales narrar una historia, que ya no es preciso que la poesía conserve ese aspecto narrativo que tuvo en su origen, cuando tales medios no existían. Es entonces cuando aparecen por primera vez los poetas malditos, los poetas del vacío y de la nada, los poetas “puros” y musicales. Este tipo de poesía, como es obvio, puede gustar o no, pero no puede negarse que fue un síntoma de lo que sucedía en su tiempo, y que lo es más aún de lo que sucede hoy, ya que los medios a través de lo cuales se explican y difunden las historias son incluso mucho más numerosos y variados hoy que en el siglo XIX.

Menciono brevemente esta sucesión de datos conocidos para señalar a grandes rasgos en qué contexto cultural es preciso situar el libro de Armando. Pienso que el tema central de este libro, “Partituras”, es la nada, a la cual se llega tras haber renunciado a los significados, a la trama, a todo el contenido épico y narrativo que acompañó a la poesía desde su nacimiento. Ahora bien, la nada no es el vacío sin más, la nada es también el fondo sobre el que se trazan ciertas figuras: los seres. En efecto, de todo cuanto existe puede decirse, como escribe Armando, que “nace en el fondo y al fondo se debe” (Sección: Como ave muerta, verso 4: Cuenco). Y es en este verso donde, a mi entender, el autor nos ha apuntado, queriéndolo o no, el tema de su poesía, a saber: que somos diminutas islas sobre el inmenso océano de la nada, en el que acabaremos por disolvernos, y que el permanecer conscientes de ello debería servirnos para despojarnos de toda arrogancia, de toda pretensión de omnisciencia y de omnipotencia. No tiene caso, parece querer decirnos, esforzarse por transgredir, pues antes o después todos nos transgrediremos a nosotros mismos con nuestra propia muerte, que es – y he ahí el reto – susceptible de convertirse en objeto de nuestra conciencia a lo largo de nuestra vida, manifestándose así en cada una de nuestras torpes hazañas, e incluso en nuestros actos más cotidianos. Sin embargo, este tema, aun hallándose presente en todos los poemas de este libro, no se plantea así, sin más, pues nos aburriría al poco rato, sino que se refleja en cierto número de subtemas que, si no estoy equivocado, en este caso se condensan en los siguientes tres motivos: la ausencia, la distancia y el abandono. En torno a ellos quisiera hacer girar el resto de lo que diré a propósito de esta obra.

La ausencia no es la nada, que comporta una negación del ser, sino una forma en que los seres, es decir también nosotros mismos, sienten (sentimos) esa nada sobre la que estamos recortados. Es el “vacío a veces vacío” del que habla el propio Armando (Sección: a la luz del alma, verso 5: poesía) esto es, una manera de percibir, de sentir lo que nos rodea con independencia de que todo a nuestro alrededor se nos ofrezca como mera presencia o plenitud de ser, de la misma manera que sentirse solo (to be lonely, en inglés) no se confunde con el hecho de estar físicamente solo (to be alone). Ausencia es, pues, el nombre de ese estado de ánimo por medio del cual nos hacemos conscientes, aunque sólo sea al nivel del sentir, de la nada en que nos trazamos. La distancia, en cambio, es la condición misma de nuestra relación con esa nada e, inversamente, con nuestro propio ser. Me explico. Si al sentir la nada nos aproximamos a ella, esto quiere decir, en primer lugar, que había una distancia entre ella y nosotros, y, segundo, que acercándonos a ella nos alejamos de nosotros mismos, de ese “yo” nítidamente recortado, sin fisuras, para aproximarnos a ese “uno mismo” con el que lapidariamente comienza el primer poema del libro, como para situarnos en la gravedad de aquello que en todo momento está en juego. Pero si la poesía lírica es aquella escritura que se distancia del “yo”, entonces la consecuencia última de la escritura no es otra que el abandono. En su apuesta más extrema, el poeta, el escritor, no puede dejar de suscribir lo que Armando ha escrito, a mi entender con mano maestra, cuando nos dice “del lado del paria estoy/ (…)/ de quien no es útil sino como metáfora” (Sección: entre mis dedos, verso 4: revolución).

Estos tres temas fundamentales se ramifican y prolongan en cierto número de imágenes y de términos que aparecen aquí y allá a lo largo de todas estas “Partituras”, como para dotarlas de unidad, de una consistencia de la que el lector no llega a dudar en ningún momento: así, por ejemplo, la ausencia se manifiesta en la soledad, como dijimos; la distancia se explicita mediante la metáfora del espejo y el abandono, por su parte, se evidencia en el olvido vertido sobre los más variados seres y circunstancias, e incluso sobre nosotros mismos. Naturalmente, el poeta mezcla todas estas metáforas, todos estos temas, pues la excesiva claridad, la excesiva sistematicidad – rasgo del que peca mi presentación, pero no el libro que presento – arruinaría el efecto que se pretende conseguir.

No quisiera finalizar esta brevísima intervención sin mencionar algunos aspectos formales que me ha parecido descubrir en el texto, y que creo que se prestan a una reflexión no carente de interés. La misma concepción musical del libro explica el uso de los recursos utilizados en él; así, en la primera sección del mismo, titulada alivio de pensar, encontramos ritornellos (la reiteración de la palabra “azul” en el segundo poema, papalote; y de la expresión “ir y venir” en el sexto, marea), rimas internas (“con locura sana la luna vaga”, en el tercer poema, dedos creadores), desplazamientos mínimos, pero significativos, del lenguaje (“perra mente”, quinto poema) e incluso juegos de palabras (“que me arrobo como objeto/ y como objeto me robo”, en el mismo). Creo que hay una afirmación del azar en este modo de proceder, una apuesta por una escritura que fluya a través de los cauces sembrados por el propio lenguaje, apuesta que tiene su origen en Mallarmée y su momento álgido, para la literatura en lengua española, en la obra Jorge Guillén. De hecho, si a algo me ha recordado este libro es al célebre “Coup de dés” mallarmeano, así como, quizás, a algunos poemas de Cántico. Claro que esta observación no estaría completa si no añadiéramos que el libro de Armando recuerda a la obra de estos dos autores porque, como sucede con ellos, no guarda un verdadero parecido con otra cosa que no sea consigo mismo. Tal es el destino de todo aquel que afronta la escritura como una aventura irrenunciable, vívida y personal, que es como me parece que la ha afrontado Armando. Por ello, y más allá de la amistad que me une a él, yo celebro la aparición de su libro, en el que espero que todos vosotros encontréis los mismos motivos que yo he encontrado, si no mejores, para el entusiasmo.

 

Partituras: escritura o mancha

Juan Horacio Garibay 2005

 

 

Comienzo con una advertencia -benigna en un aspecto, maligna en otro-: Partituras, el libro que hoy comentamos, presenta una imposibilidad. Una traba semejante, para expresarlo de otra forma, con la que uno se tropieza cuando se intenta descifrar una mirada íntima o leer un pensamiento secreto. Con esto quiero asentar que Partituras es un texto absolutamente íntimo y secreto. Tanto que desde el inicio la dedicatoria lo constata: “A mi soledad que se habla”. Es así que puede resultar extraño -y desencajado- cualquier comentario que se haga sobre de él. Y ante tal escritura todo se puede decir, pero a su vez nada se puede decir. No obstante, alguna de las personas que hoy nos acompañan -o quizá el mismo Armado Haro- podrían argüir que este libro no es ni íntimo, ni secreto, por la simple razón de que lo íntimo y lo secreto no se publica, y es evidente que estamos ante un libro publicado. De acuerdo. Y una vez más de acuerdo. Pero esto es sólo una de las más de mil de paradojas con las que a diario convivimos y que son propias de nuestra época, por ejemplo ahora es fácil ver que no hay nadie más conservador que los innovadores, o que no hay nadie es más tiránico que los liberadores, o que no hay nadie más creyente que los ateos, o que no hay nadie más académico que los vanguardistas, o que no hay nadie más inculto…  y así hasta no acabar nunca. Para concluir esta primera parte diré  dos cosas: 1.- No hay nada de extraordinario en que lo íntimo sea, a su vez, público. Y 2.- A cada lector de Partituras le toca descubrir no sólo sobre qué gira Partituras sino emitir alguna consideración íntima y también secreta, en este sentido opino que esto es una atinada virtud del texto, pues cualquier lectura terminará por completarlo.

            Por otro lado nunca he podido dejar de asociar a Armando Haro con la pintura, de hecho él como pintor está más cerca de nosotros que como poeta. Así como Juan José Macías está más cerca de nosotros como poeta que como pintor. ¿Metástasis? No sé. Pero de lo que sí podría estar seguro, y va sin ambages, es que la pintura de Armado me es más significativa que sus poemas. Me parece que Haro dice en sus cuadros cosas que le es difícil decir en sus poemas; y lo dice con una versatilidad en verdad impresionante. ¿Pero hay algún punto de unión entre el pintor y el poeta? Para responder a esta pregunta quiero narrarles algo que me sucedió cuando vi, esto ya hace algunos meses, un cuadro de Haro en casa de un amigo que tenemos en común, -anoto antes que en ese justo momento no sabía aún que nuestro autor preparaba un libro de poemas- el cuadro pertenece a la serie que Tarsicio Pereyra bautizó como “Hello Kitty”. La colección en general, pero en particular esta obra, es una vindicación del color y es un traer al presente un mundo resonancias pasadas, por no decir arquetípicas, que logran reconstruir en nuestra mente una imagen hermosamente siniestra, siniestra en el sentido de que al verle nos resulta tan familiar que un instante después eso conocido se torna extraño, y tal alegoría es la que disipa nuestra frontera entre la significación y la no significación. Estaba ante un cuadro, en suma, en el que el autor dio voz a los fantasmas más originarios de cualquier ser humano. Estaba, como lo hubiera podido asegurar Octavio Paz, ante un lienzo de un auténtico artista. Pero a lo que voy es que, en el extremo derecho que hace ángulo, la obra tenía escritos algunos ideogramas. Figuras que como se sabe intentan representar tipográficamente el contenido de lo escrito. Ahí fue, entonces, cuando descubrí el viro de Haro hacia la poesía. Las manchas empezaban a volverse signos plásticos. La palabra, o para decirlo mejor el caligrama, intentaba tener presencia en la pintura. Nada me impide decir que en ese ángulo pude ver poesía pintada, punto de intersección o encuentro entre la escritura y la mancha. Sin duda la poesía ya hacía mella en Armando tanto que brotaba, quizá inconscientemente quizá no, en su ser pintor. Al llegar a este punto se impone otra pregunta: ¿cómo se asoma en la poesía de Haro su ser pintor? Lo primero que diré es que para Armando la hoja en blanco, no es el lienzo en blanco y esto me parece una debilidad, porque ahí la escritura si bien no  batalla para ser imagen, si se esfuerza un buen para ser ritmo, con esto no busco que Haro haga lo que ya algunos dadaístas y surrealistas hicieron, lo único que afirmo es que así como lo poético lo muestra con la mancha, lo debe mostrar  con la palabra, porque nuestro autor sabe de eso. No se puede negar que en su poesía está presente la pintura, en cierta forma pienso que a veces está de más, no como caligramas -lo cual me hubiese parecido genial- sino como imágenes. Ahora bien las imágenes, que son una parte fundamental de todo poema y que son de igual forma el segmento más negador de la palabra, llenan el trabajo de Armando. Y esto último, como podemos sospechar, no es casual, pues la esfera pictórica de cualquier poema es, como se ha dicho, la imagen.  Por la imagen el poema se ve. Por la imagen el poema es cuadro. Y por supuesto Armando plasma la imagen correctamente en sus poemas.

 Sin embargo, un poema no sólo se constituye por la imagen, sino ante todo y sobre todo se constituye por el ritmo. A claro: dije ritmo no métrica. El ritmo es un movimiento que va más allá de la matematización de la escritura. El ritmo es lo que permite que un poema sea un algo vivo. Diástole y sístole. El ritmo, para decirlo de otra manera, es la danza hierática del poema. Va como va: Partituras, y muy a pesar de su nombre, que carece de ritmo. O por lo menos para mí fue muy difícil oír su pulsación o saber de su marcha. Acepto que este es un juicio subjetivo y por tanto hay que tomarlo así, recuérdese que ni yo ni nadie, tiene la última palabra, ni sobre este texto, ni sobre cualquier otro.

Finalmente quiero volver sobre lo que antes comentaba: Partituras hay que leerlecomo se descifra una mirada íntima o pensamiento secreto, en consecuencia cualquier cometario sobre de él puede resultar válido, pues ante tal escritura todo se puede decir, pero también nada se puede decir.

Gracias.

 

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Comentarios: 5
  • #1

    Judith Escalante (lunes, 19 agosto 2013 21:06)

    Dr. Armando Haro Márquéz, por medio de la presente, informo a usted , que me interesa comprar su Depto. del Centro SCOP. ,una vecina suya me comentó que lo esta vendiendo, por favor comuníquese conmigo al Te:56 30 28 40 mi correo es judithescalante@live.com respetuosamente. Judith Escalante

  • #2

    Judith Escalante (lunes, 19 agosto 2013 21:10)

    mi correo es: judithescalante@live.com

  • #3

    judithescalante@live.com (lunes, 19 agosto 2013 21:13)

    disculpe , es que salía el correo com pleto.

  • #4

    José Márquez (jueves, 19 diciembre 2013 20:18)

    Hallo,


    Espero saludarte pronto, me gustaría que me escribieras para vernos. contact@josefmarquez.com, saludos

  • #5

    Julio César Abad Vidal (domingo, 28 febrero 2016 12:03)

    Estimado Armnado:
    Buscando información sobre mi persona para un dossier, he visto que me menciona como docente en una de sus entradas. Le agradezco la mención y le dirijo a mi blog sobre arte y pensamiento en la esperanza de que te resulte de algún interés y conozcas mi trayectoria reciente. Se trata de:
    https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/
    Un cordial saludo